Este año por fin podemos celebrar Calasanz en agosto, sin pandemia ni situaciones adversas.

Hemos pensado que podríamos hacerlo con las características de sencillez y eficacia que tanto gustaban a Calasanz.

Así, por las tardes el lunes, martes y miércoles, en el rezo de vísperas compartido con algunos niños y jóvenes teníamos una reflexión sobre la vida de Calasanz en paralelo con algunos textos del Evangelio o de San Pablo, preparada por Jaimito, Didimus y Julio respectivamente.

El lunes por la tarde convocamos a alumnos y familiares de la escuela de Turismo, para presentarles mejor los escolapios y nuestro fundador, así como el sentido de esta escuela de turismo, nuestros sueños etc. Fue un tiempo compartido con nuestros alumnos y sus padres o hermanos que se completó con una merienda fraterna.

El martes por la mañana, aprovechando que era una semana de vacaciones, convocamos a los maestros de Makili. Vinieron casi todos, una treintena (pues en la Isla predominan maestros de aquí). Hablamos de escolapios, de Calasanz… y sobre todo les dimos la oportunidad de hacer una reflexión en grupos, compartida y luego dialogada, sobre cómo ven la educación aquí y qué podría mejorarla, saliendo algunas propuestas sencillas. Los niños les ofrecieron un canto de Calasanz en tetun, compuesto por nuestro hermano Abilio.

El jueves tuvimos a las 4 de la tarde la misa de Calasanz con toda solemnidad, seguida de una merienda-cena compartida para todos los que vinieron: niños, niñas, jóvenes y adultos.

Agradecemos la gran colaboración de la comunidad cristiana para preparar tantas cosas: ornamentación, meriendas y comidas, liturgia, cantos y bailes… Da gusto celebrar así y crear comunidad en torno a Calasanz.